Por Leonardo Mindez WASHINGTON ESPECIAL. No hay nada que hacerle. La política económica argentina no convence en Washington. Ni aun en el BID, que hoy es la principal fuente de financiamiento entre los organismos internacionales. Ni siquiera cuando Argentina es uno de los ejemplos para convalidar la tesis que postula el último trabajo de los economistas de la institución.
Según el extenso estudio "Vivir con deuda", más importante que la cantidad de la deuda y su porcentaje en relación al PBI, es la "calidad" de ese endeudamiento. Así, la deuda que adquirió Argentina durante los 90 era muy peligrosa no tanto por su monto, sino porque la mayor parte se tomó en el exterior y en dólares. Por eso, los técnicos del BID alientan a profundizar un cambio incipiente pero notable en los últimos años: cada vez más los países de la región se endeudan en el mercado doméstico y en moneda nacional. Esa es una deuda más "sana", con menos posibilidad de desembocar en crisis graves, explica el estudio.
Claro que para Argentina esto no es una elección sino una necesidad, porque los mercados financieros internacionales permanecen cerrados, y eso ya no es positivo. "El problema con los holdouts (los bonistas que no aceptaron el canje) es importante porque, aunque no tengan éxito en sus reclamos, influyen en las decisiones de otros inversores", dijo a Clarín Eduardo Borensztein, uno de los autores.
Más duros fueron algunos de los que participaron de la presentación del informe en la sede del BID. El profesor de la Universidad de Berkeley, Barry Eichengreen, se preguntó por la conveniencia de fijar un tipo de cambio alto si la consecuencia es crear un "ambiente inflacionario reprimido". El periodista Paul Blustein, que publicó un libro con duras críticas al papel que jugó Wall Street en la crisis argentina, dijo que entiende, aunque no justifica, que el país sienta "alergia a todo lo extranjero.