UN PROGRAMA DE NACIONES UNIDAS CON FONDOS ITALIANOS COMBATE LA POBREZA EN MISIONES Y TUCUMAN. Historias de argentinos a quienes un pequeño crédito les cambió la vida
Montos de 500 u 800 pesos facilitan el desarrollo de proyectos personales. Cuentapropistas sin capital logran así acceder a un crédito bancario. "Ya tengo el motor de la miniempresa", bromea Walter Gómez (25) mientras palmea las ancas de "Estrella", la yegua que mueve el malacate que mezcla la tierra —colorada, misionera— de su fábrica de ladrillos en Puerto Nuevo, a 4 kilómetros de San Ignacio. La compró gracias a un préstamo de 500 pesos, dentro de un programa de microcréditos que implementó el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con fondos de la Cooperación Italiana.
En Misiones, ya son más de 200 los microemprendedores —en su mayoría mujeres jefas de hogar— que, en un rincón de la casa y con muy poca plata, lograron ensanchar ese cuello de botella que los mantenía atados a un presente perpetuo. Cuentapropistas sin resto para el ahorro ni capital para acceder a un crédito bancario. Historias mínimas de esfuerzos enormes e ilusiones que se concretan, se multiplican y crecen. Apuestas rotundas al trabajo, a la honradez y a la palabra empeñada.
La cuota de Walter es menor que el alquiler que pagaba por "Vallita". "Tenía que cuidarle que no se lastime. A veces perdía un día o dos, porque los dueños le mezquinaban —cuenta—. Ahora tengo más trabajo. 'Estrella' me dio la posibilidad de tener a un encargado que se quede en la fábrica, y yo trabajar en albañilería."
Con sus 500 pesos, María del Carmen Kühle de De Vito (41) pensaba adquirir productos de belleza, ya que en la parte delantera de la casa ha montado el gabinete donde ofrece masoterapia, depilación, cosmetología, maquillaje y pedicuría. "Terminé comprando el aire acondicionado. Estaba perdiendo mi clientela: hacía tanto calor que la gente no venía." Los veranos de Puerto Rico, a 140 kilómetros al norte de Posadas, derriten con mínimas por encima de 30 grados. "Los dos ventiladores de techo no alcanzaban. Yo consideraba que era un lujo, pero no me daba cuenta de que mis clientas tienen aire acondicionado en sus casas."
Por eso María del Carmen, cuando renovó el crédito —esta vez por 800 pesos— pensó en los pedidos de sus clientas y, entre otras cosas, compró un radiador para los días fríos. Está llena de proyectos: "El próximo paso será remodelar al fondo y poner un sauna. Quiero apuntar más a los turistas, y ofrecer mis servicios a los hoteles." Su sueño, un spa urbano, ya no le parece lejano. "Es maravilloso que por fin se ayude a la gente que procura, que se esfuerza, que no descansa", agradece a la Federación de Familias Kolping, que implementa los préstamos en el interior.
Cerca de allí, con 500 pesos, Laura Zarza (37) reflotó la peluquería donde también atiende su esposo, al dotarla con productos de una línea de belleza más cara. Con el segundo préstamo ya pudo obtener descuentos para aprovisionarse. "Mi clientela mejoró bastante. El año que viene queremos implementar otras cosas, como depilación y maquillaje, porque mi hija Gabriela está estudiando estética profesional."
En un barrio humilde de Posadas, María Dávalos (43) compró arena y cemento para hacerse de stock en su pequeña fábrica de bloques premoldeados. "Mucha gente no puede pagar la mitad por adelantado, y así perdíamos las ventas", explica Florencio, su esposo. Su vecino Andrés Delgado equipó su herrería con una amoladora y una perforadora. Ya han decidido que con la próxima renovación del crédito levantarán un tinglado común.
En dos décadas, la Asociación Jardín de los Niños convirtió una villa frente a un basural en el Barrio San Jorge. Sembró incontables obras solidarias y ahora administra los microcréditos en la capital misionera. Allí fue progresando la regalería de Zulma Ruiz Díaz (29), quien poco antes de las fiestas navideñas contó con 500 pesos extra para poder ofrecer artículos de bazar. Con el segundo monto adquirió ropa, "porque se venía el Día del Padre. Cuanta más variedad, más se vende. Por eso, con el próximo préstamo quiero equiparme para exhibir mejor la mercadería. Y con el tiempo, agrandar el local."
Enfrente, Elena Amarilla (53) evoca el día en que, con 300 pesos, compró queso, harina, maíz, huevos, cebollas y leña para preparar sopa paraguaya y salir a venderla. Tenía poco trabajo como empleada doméstica, y cada dos por tres debían internarla por una gastritis de origen nervioso.
"De lo que me sobró, compré las verduras." Cajón por cajón, fue haciéndose verdulera. Un nuevo préstamo se convirtió en el quiosquito que agregó. "Yo sé lo que significa el compromiso: primero para la cuota, y luego para otras cosas". Ya no se enferma ni se recluye en la casa. "Ahora comemos mejor, con carne y fruta." En los ratos libres, Elena sigue un curso de carpintería: para cuando renueve el crédito y amplíe el negocio.
COCIM —el consorcio de ONG italianas que asiste a sus pares locales— apuesta al microcrédito como herramienta de desarrollo local. Enrico Vagnoni señala que el sistema "promociona cadenas de valores y el cooperativismo, para que los microemprendedores puedan competir en el mercado".
Ayuda de Italia en dos provincias.Los microcréditos, en marcha en Misiones y Tucumán, conforman el componente socioproductivo del proyecto "Acciones para la reducción de la pobreza en Argentina". Lo implementa el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con fondos de la Cooperación Italiana: 250.000 dólares para fondos rotatorios en cada provincia, más 161.000 para asistencia técnica y para las organizaciones de base.
En Misiones, la ejecución está a cargo de dos ONG: en Posadas, la Asociación Jardín de los Niños, y en el interior, la Federación de Familias Kolping. Como en Tucumán, la asistencia técnica, la capacitación y el seguimiento se apoyan en COCIM, un consorcio de tres ONG italianas.
"El proyecto se basa en un esquema de alianzas estratégicas para que las entidades locales se transformen en administradoras de créditos", explica el representante del PNUD en la Argentina, Carlos Felipe Martínez.
Se busca que los solicitantes conformen grupos solidarios de 4 a 6 personas, sin vínculos familiares. Cada una garantiza que las demás son confiables y que su emprendimiento es bueno; si alguien no puede juntar la plata a tiempo para su cuota, todos aportan para cubrirla.
El préstamo tarda de 10 a 15 días. Se devuelve en cuatro meses, en cuotas semanales o quincenales, con un interés del 13,5% anual sobre el saldo. Si el beneficiario cumple, puede renovarlo por un monto mayor. La morosidad no llega al 0,5%.
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